El diccionario define apatía como la falta de emoción, motivación o entusiasmo. Es un término que precisa un estado de indiferencia, en el que un individuo no responde a aspectos de la vida emocional, social o física. Que nadie entienda mal el contenido de este post pero quiero describir las sensaciones que muchos béticos están sintiendo gracias a lo que proyecta este club desde hace algún tiempo.
Les pongo varios ejemplos. Un compañero de trabajo, que antes era un fatiga –lo digo con cariño, Paco- que removía Roma con Santiago para ver a su Betis, este año ha asistido a dos partidos en Heliópolis. Un amigo me dice que la mujer de un antiguo consejero del club está últimamente encantada porque su marido ya no antepone el Betis a un fin de semana en la playa, una comida familiar o un viaje de placer. Un vecino de comunidad me comenta que ahora asiste al campo cuando no tiene otra cosa mejor que hacer. Otro conocido me indica que antes tenía grandes tertulias en su trabajo con compañeros béticos y que desde hace varios meses no hablan de nada referente al club. No quiero decir que los béticos estén dejando de serlo porque ese sentimiento está impregnado a fuego en todos nosotros, pero la apatía ha comenzado a implantarse entre la fiel infantería verdiblanca.
Distintos ejemplos para mostrar que los dirigentes del Betis han provocado que la desidia se apodere de muchos porque no ven una salida a esta grave situación en la que nos ha colocado un tirano llamado Manuel Ruiz de Lopera. Los pobres resultados deportivos, la falta de liderazgo institucional, los ataques desde el club a béticos representativos, los patéticos episodios contemplados a lo largo de estos últimos años, la indefensión en la que se encuentran muchos socios y, en general, la podredumbre en la que se ha instalado el Real Betis por culpa de su máximo accionista y los pelotas que le acompañan, está haciendo mella en muchos aficionados béticos.
La apatía y la indiferencia se están instalando a pasos agigantados en una afición prisionera de un dictador malvado que sigue desangrando aún más una institución con más de cien años de historia y que va camino de lapidar en menos de veinte primaveras.
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