¿Dónde está mi Betis, Betis? Oh, oh, oh, oh!! No pienses mas que no hay cantaba el sevillista Silvio esta letra del Bético Pive Amador. Y analizando la actualidad del Betis, la frase está cargada de razón. Mi Betis, nuestro Betis, el Betis de nuestros abuelos, padres y madres no existe. Lo han hecho desaparecer.
El otro día me contaba mi padre lo que le respondió a un vecino que le preguntó sobre el resultado del Betis-Elche. La respuesta de mi padre fue contundente y llena de Beticismo: ¿El Betis? El Betis no es eso; el Betis es otra cosa. Y es que desde hace tiempo esta duda está presente en las cabezas de muchos Béticos. El Real Betis actual no es el Betis Real. El actual es el negocio de un ditero que ha llevado a nuestro amado club a una degradación deportiva, institucional y social inimaginable. El Betis Real está en otra parte. Está en los corazones de Béticos de verdad, aquellos que no se conforman con lo que hay, que no defienden lo indefendible porque un Bético, un verdadero Bético nunca se rinde. El Betis Real está en la memoria de unos campeones de Liga ninguneados por el tirano que nos mal gobierna por mucho que consiguiera hacerse la oportunista foto con el hijo de Larrinoa. El verdadero Betis está en la emoción y agradecimiento del nieto de Mister O’Connell, en el ya citado hijo de Larrinoa que aún conserva la foto de la alineación que disputó el partido frente al Racing de Santander en el que el Betis salió campeón; en la emoción desde México del hijo de Aedo entonando un viva el Betis manque pierda que pone los pelos de punta; en el emotivo beso que el hijo de Unamuno le da a la Copa de la Liga que conquistó el Betis y que luce en el museo del Athletic de Bilbao, ya que el club vasco la consiguió en propiedad años más tarde. El documental La Foto del Siglo sobre estos campeones (Urquiaga, Areso, Aedo, Peral, Gómez, Larrinoa, Adolfo, Lecue, Unamuno, Timimi, Saro, Caballero, Rancel, Valera y Espinosa) hay que ponérselo a todos los Béticos de todas las edades para que aprendan el verdadero Sentir Bético. Ése que unió a un grupo de amigos que, la mayoría, convivían en una pensión en la calle Jimio. Tan grande fue esa unión que lograron ser campeones de Lida. Mil gracias hay que darle a Victorio Duque por regalarnos esta magistral clase de Beticismo.
El pasado viernes tuve la suerte de compartir almuerzo con leyendas del Beticismo y Béticos ilustres como Alfonso Jaramillo, José Núñez Naranjo o el Maestro Curro Romero. La amabilidad y cercanía del torero me sedujeron como la sencillez de Cardeñosa, la sinceridad de Bizcocho al contar como se tira un penalti decisivo en una fina de Copa del Rey; la gracia y la sonrisa de Gordillo; la modestia de López y las lágrimas de Biosca al entonar todos los Béticos allí reunidos aquello de “arriba, arriba, arriba Betis campeón...” Salí de aquel lugar acordándome de nuevo de la canción de Silvio: “cuando yo encontré en tus ojos luces de esmeralda, yo me dije si, este si es mi Betis”
Voy a terminar el artículo de la manera que lo hace la joya de documental del amigo Victorio: sentando cátedra. “Hay una leyenda que recorre el mundo entero. Verdiblanco sus colores, blanco y verde es el sendero. Síguelo”
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