José Tomás Valdomino
En 1994 aterrizó en Heliópolis un pequeño lateral izquierdo nacido en Huesca, cuando un Betis que terminaría siendo poderoso incluso en Europa plantaba sus bemoles, después del infierno, de nuevo en Primera División. Aquel pequeño gran hombre respondía en el césped al nombre de Josete. Nacido en el mes de marzo de 1970, fue incorporado por el desaparecido Eusebio Ríos procedente del Rayo Vallecano para ser una de las revelaciones de aquel Betis que comandaba Lorenzo Serra, aún con escasas canas. Cuatro fueron las temporadas en las que defendió, con valentía, sobriedad y seguridad, la elástica que todos amamos. Compartió, primero, vestuario con los que cimentaron el regreso bético: Diezma, Jaro, Jaime, Ureña, Merino, Vidakovic, Roberto Ríos, Ureña, Olías, Aquino, Menéndez, Sabas, Márquez, Cuellar, Stosic, Cañas… Después, también vivió el ascenso hasta las estrellas con los clásicos Alfonso, Finidi o Jarni.
Tenía en Luis Fernández a uno de sus mejores amigos, aunque era su rival a la hora de competir un puesto en el once inicial. Tuvo dos grandes momentos en el Betis y otro horrible, todos intercalados. La primera vez que tocó la gloria fue un mes de abril de 1997, cuando con un gol suyo –el único que metió como bético- le dio el triunfo al equipo en Anoeta, con un Betis que perseguía al Barça con denuedo. Semanas después, llegaría, quizás, el peor momento de su carrera deportiva. En el alocado derbi del 3-3, el ahora verdiblanco José Mari metía demasiado la pierna para destrozarle su rodilla y obligar a Lorenzo Serra a sustituirle por Ureña. Lógicamente, un mes más tarde no pudo participar en la Final de la Copa del Rey de 1997.
Pero allí seguía Josete, como cuando competía en el campo. Estando como sin estar, a su ritmo, a su rollo. Antes de que viera que ya en el Betis no podría explotar más sus virtudes, tuvo tiempo de ser titular en Stamford Brigde en la vuelta de aquella triste eliminatoria de Recopa donde el Chelsea (aquel Chelsea mágico de Vialli, Zola, Di Matteo o Wise) nos dio fuerte y flojo, y que el firmante tuvo el arrojo de escuchar en la radio mientras asistía a uno de los múltiples conciertos (¿puede ir uno a un concierto y escuchar un partido de fútbol de otro equipo que no sea el Betis?) de la Fiesta de la Primavera, hace ahora diez años.
Ese mismo verano, Josete se marchó al Alavés, donde estaba seguro de que contaría con más minutos. Allí, igual que le ocurrió con la final de Copa del Betis, estuvo a punto de vivir otro momento glorioso, pero no lo hizo por apenas cinco meses. En enero de 2001 se fue al Lleida en busca de minutos; en mayo, aquel equipo dirigido por Mané perdía, de forma brillante, la final de la Copa de la UEFA ante el Liverpool. Pero quizás a Josete siempre le atrajo más el día a día, el domingo a domingo, que las grandes citas y los focos. Al menos, fue el sentimiento que a mí me dejó. Grande Josete.
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