Corren malos, muy malos tiempos para los béticos y el beticismo en general. Sumergidos en el infierno de la segunda división y secuestrados por un ser oscuro, chapucero y embaucador, no levantamos cabeza. Con este desolador panorama, hace mucho tiempo que los béticos no somos capaces de mantener una conversación con los amigos palanganas en cualquier tertulia futbolística. La diferencia deportiva e institucional de ambos clubes es tal que tendrán que pasar muchos años para estar a la altura de los vecinos de Nervión.
Pero dentro de este abismo en el que nos encontramos muy, de vez en cuando, surgen buenas noticias. El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ha realizado una encuesta para conocer los equipos que más simpatía despiertan entre los aficionados españoles. El resultado es el siguiente: Real Madrid (32,8%); Barcelona (25,7%); Valencia (5,3%); Athletic (5,1%); Atlético de Madrid (4,3%); Real Betis (3,3%); Zaragoza (2,7%); Sevilla FC (2,3%); Celta (2,2%) y Deportivo (2,2%).
La noticia apareció la semana pasada en la página El Desmarque y lo curioso fue ver cómo en el apartado de comentarios el 90% de las opiniones eran de aficionados sevillistas, que no encajaban con deportividad –por decirlo suavemente- una encuesta rigurosa de un organismo oficial. Las encuestas, y sobre todo, las realizadas por entidades serias son una ferviente expresión de la realidad social ante lo que poco se puede hacer o decir. El Betis, por esa filosofía optimista de acoger la vida y de entender la competición y por las vicisitudes que ha tenido que pasar a lo largo de toda su historia, ha sido siempre un club con gran cantidad de seguidores en cualquier punto geográfico del país e incluso fuera de nuestras fronteras. El manquepierda ha sido nuestro lema y la simpatía nuestra bandera.
Cuesta creer que con la que está cayendo por Heliópolis y la cantidad de barbaridades que engendra la cabeza dislocada del máximo accionista, que han provocado el sonrojo de medio país, el Betis sigue en los puestos de cabeza de la simpatía. Frente a esa realidad, los vecinos de Nervión nunca han digerido con nobleza esta incómoda situación ya que históricamente han caído mal más allá de Eduardo Dato. Aún así, el margen se acorta cada vez más porque la gestión de una entidad y otra son la noche y el día y el peso de los títulos y las participaciones europeas hace que cada vez sea más difícil hacer béticos entre las nuevas generaciones. El club puso en marcha la Escuela de Béticos pero, además de llegar muy tarde en comparación con otros clubes, habría que saber cuántos colegios se visitaron, cuál fue el número de chavales atendidos y las atenciones ofrecidas. (Conociendo al que manda, entregaría el merchandising que sobró del Centenario).
La semana pasada un bético de los buenos me decía que este año había sacado el abono con el único objetivo de llevar a su hijo de cinco años al campo para llevarlo por la senda de las trece barras. Un compañero de trabajo me comentaba que en la clase de su sobrina hay 2 béticos frente a 25 sevillistas. Tenemos un grave problema encima de la mesa aunque los que nos dirigen no lo vean de esta manera. Para ellos, la vida siempre es de color rosa y Don Manué la pantera que da sentido a su existencia.
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