Han pasado once jornadas y este Betis no ofrece garantías para conseguir la vuelta al fútbol de élite. Todos sabemos que la segunda es una competición muy dura, complicada y larga, excesivamente larga, y que de todo puede pasar hasta que lleguemos al mes de Junio. Pero por lo visto hasta el momento el conjunto de Tapia muestra muchas dudas y abundantes debilidades.
Con un portero vacilante, una defensa enormemente blanda, un medio del campo perdido y una delantera voluntariosa gracias a Pavone, porque Sergio García se ha borrado desde Vallecas, el bautizado como el “Madrid de Segunda” sigue convertido en un equipo mediocre, gris y desamparado que deambula por esos campos de Dios en busca de una identidad que no encuentra porque los jugadores tampoco hacen mucho por hallarla.
Pero lo más preocupante de este club sigue siendo el nivel de exigencia que solicitan los gestores. Nadie interpela a los jugadores para que sepan que en esta institución, siempre y ahora más que nunca, lo único que debería valer sería ganar, ganar y ganar. Nadie les exhorta para que sepan la historia y la importancia del escudo que llevan sobre su pecho y nadie les explica que se deben a esa fiel infantería que siempre les apoya hagan lo que hagan. ç
El Domingo en Cádiz tres mil y con la que está cayendo en cada a casa por esta puñetera crisis que nos asola. Por el contrario, ayer mismo, Pepe León volvió a abrir la caja de las exquisiteces para manifestar en la presentación de un acto deportivo lo siguiente: “Con esta media de ganar en casa y empatar fuera, la cosa iría fenomenal”. Como podrán entender, sobran los comentarios.
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